La historia de mi tocadiscos

Las Navidades pasadas Sr. Woof me regaló un tocadiscos. Un Eurovox 404, uno de esos tocadiscos portátiles de los años 60 en forma de maletín. El típico que la gente sacaba de casa para llevarlo a alguna fiesta en un garaje. El regalo estaba muy bien envuelto, pero al desenvolverlo e intentar abrir el maletín la parte de arriba se desencajó de la de abajo, salieron unos cables deshilachados y no había rastro de la aguja por ningún lado. Vaya, todo apuntaba a que aquel tocadiscos no iba a hacernos bailar mucho.

Sr. Woof me dijo que la idea era llevarlo a arreglar, y eso hicimos. Lo llevamos a un sitio de Gràcia en el que restauran antigüedades. Nos prometieron que nos dirían algo pronto, pero el tiempo fue pasando y nunca nadie nos dijo nada. Pasaron meses y, aunque de vez en cuando nos acordábamos y volvíamos a reclamar que por favor nos devolvieran el tocadiscos arreglado, el tema fue cayendo en el olvido.

Estas Navidades, bajo el árbol, había un regalo con mi nombre cuya forma me resultaba familiar. Al abrirlo, ¡sorpresa! El Eurobox 404 de las Navidades pasadas estaba ahí, pero esta vez listo para sonar. Sr. Woof lo había rescatado de aquel taller y lo había arreglado él mismo. Corrí a buscar el vinilo de Bob Dylan que había comprado el verano pasado en un mercadillo de la Bretaña Francesa. Y sonó. También sonó Michael Jackson. Nuestra amiga Ikibcn nos había dado Thriller, el disco que ella no dejaba de escuchar de pequeña. Y luego vinieron las nuevas adquisiciones en Londron: Alt-J y Simon & Garfunkel. Ahora en casa hay un tocadiscos que toca viejos éxitos y, aunque de vez en cuando se para, ¡qué bien suena!

tocadiscos she shakes

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fotos: alba garcía aguado