Buenavista Lanzarote

Hace justo un año, cuando las vacaciones de Navidad estaban llegando a su fin, Sigfrid y yo hicimos lo que siempre hacemos cuando vemos que se nos agotan los días de descanso: compramos vuelos para un nuevo viaje. ¿El destino elegido? Lanzarote. Yo, que soy un poco víctima de las fotos que corren por Instagram, me había topado hacía un tiempo, saltando de perfil en perfil, con un sitio que parecía perfecto para pasar unos días de desconexión real. Un sitio con un ventanal enorme a pie del desierto en el que me podía visualizar leyendo un libro con una copa de vino en mano. Aiiii, Instagram, ¡cuántos sueños metes en mi cabeza! Por suerte, al contrario de lo que viene siendo normal con los hoteles que copan las fotos con más likes, éste tenía un precio/noche bastante razonable (no digo barato, pero al menos no es astronómico). Así que reservamos.

Buenavista Lanzarote es exactamente lo que promete: una ecofinca en mitad de La Geria (la zona de viñedos de la isla) construida con mucho gusto y con unas vistas espectaculares.

Disponen de distintas suites, todas diferentes entre ellas. Nosotros nos alojamos en la Suite Oeste, que además del gran sofá-ventanal tiene también una bañera con vistas (vaaale, nunca me hago baños, pero esta bañera tenía que probarla). La habitación tiene también una pequeña cocina, una zona de terraza y por las mañanas te traen el desayuno a la suite en una cesta. Vamos, que si fuera por mi, me hubiera quedado allí para siempre.

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