Grand Canyon Western Ranch, Arizona

Si pudieras ir a cualquier sitio del mundo, ¿a dónde irías?

Mi respuesta suele variar en función del día y de la hora. Jamás se mantiene estable. A veces digo sitios en los que ya he estado muchas veces; otras, nombro alguno de esos lugares que tengo en mi lista de pendientes. Pero suele pasar bastante a menudo que responda con el nombre de algún sitio que tuve la suerte de visitar una vez, hace ya algún tiempo. 

Si me preguntas hoy, ahora, te respondería: al Grand Canyon Western Ranch, en Arizona. No por que sea el sitio más maravilloso que haya visitado nunca (aunque bien podría serlo), sino por que me apetece escuchar música en medio del desierto. Qué capricho más tonto. 

En El Rancho -y voy a llamarlo así a partir de ahora, porque suena más cariñoso- hay caballos de mentira pero también los hay de verdad. Hay casitas de madera que parecen ser el decorado de un western y helicópteros que te llevan a sobre-volar el Grand Canyon. Hay un bar con un sombrero de cowboy rosa y, al caer la noche, una hoguera donde asar mashmallows. En El Rancho te sientes parte de una película, y es normal, está todo así preparado. Pero no te equivoques: el desierto y su calor son reales, el señor con bigote que canta canciones por la noche es un vaquero de verdad (sí, de esos que cuidan vacas) y esas casitas de madera no son nuevas, llevan allí un montón de años puestas.

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