Costa Nova, Portugal

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Viernes. 6 de la mañana. Estamos en el aeropuerto, a punto de embarcar en el avión. Nos hemos pegado un madrugón de los de verdad porque, al parecer, los vuelos Amsterdam-Porto en verano son sorprendentemente caros y la mejor opción para ahorrar algo es madrugar de lo lindo. Todavía no hemos desayunado -ni siquiera hemos tomado café-, pero me giro para mirar a Sigfrid y le digo muy seria: hoy quiero comer un buen plato de pescado. Y Sig: a mí todo lo que sea comer me parece bien.

El día antes tuve un golpe de inspiración y me dio por buscar qué sitios había cerca de Porto que valiera la pena visitar, donde pudiera hacer fotos y, sobre todo, comer bien. No tardé en toparme con fotos de unas casitas de rayas al lado del mar. “¡Perfecto!”, pensé. Y alquilé un coche.

Así que el viernes, hacia media mañana, nos plantamos en Costa Nova. Fue automático: bajé del coche y me puse a hacer fotos sin parar. Lo mires por donde lo mires, Costa Nova parece un pueblo sacado de una película. Las casas de colores brillantes, el césped perfectamente recortado, la playa infinita de dunas, las calles vacías de gente, la niebla baja.

Al final, resulta que irnos el viernes de buena mañana fue un acierto: teníamos el pueblo para nosotros. Y, por supuesto, no nos faltó un buen plato de pescado :)

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Si, como a mí, os gusta el buen pescado y la cocina tradicional y buscáis un sitio donde comer en Costa Nova, ahí va mi recomendación:

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PEIXE NA COSTA.

Sigfrid justo antes de atacar la caldereta de pescado de Peixe Na Costa. Un restaurante de cocina tradicional con un producto de calidad increíble a muy buen precio. ¡Súper recomendable!